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martes, 23 de junio de 2009

Poemas de Meisun Saker Al-Kasimi (Emiratos Árabes Unidos)



La voz y los besos

Los teléfonos públicos,
Tu mano que cierra la puerta,
El parecido entre la voz y los besos,
El primer momento de nuestro encuentro
Y todas estas ramas de un árbol único
Que en el bosque se multiplica.


Desde el encuentro

La seda de sus palabras,
El imprudente caballo
Haciéndome cabalgar
Y mi voz enriqueciendo el agotamiento
Se extiende hacia las cavernas
Y se quiebra,
Su imagen es la configuración del perjuicio.


Las huellas que se graban

Perforo la epidemia para llevarla a la luz
Y con perseverancia percibo el dolor
Velada por la mentira de la inocencia,
Entre él y yo ya no hay ninguna grieta
Y las huellas que se graban profundamente
Al tomarse conciencia de ellas de repente desaparecen
Y lo que queda en los miembros
Son menudas manchas del contagio.


Meisún Saker Al-Kasimi. Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, 1958. Estudió Ciencias Políticas y Economía en la Universidad de El Cairo, Egipto. De 1989 hasta 1995 fue directora del Departamento de Cultura del Ministerio de Información y Cultura de su país. Como pintora ha expuesto en Túnez, Bahrein, Egipto, Francia y en los Emiratos Árabes Unidos, además participó de exposiciones colectivas en EE.UU., Siria, Jordania y su país. Ha publicado diez poemarios, entre ellos, La casa, 1988; Un cuento como, 1990; Otro lugar, 1992; El arte del dolor, 1994; Antología personal, 2001.

viernes, 5 de junio de 2009

Poemas de Mahmud Darwish


EL INVIERNO DE RITA

Rita ordena la noche de nuestra habitación: queda
poco vino
y estas flores son más grandes que mi cama.
Abre la ventana para que se perfume la hermosa noche.
Posa, allí, una luna en la silla. Coloca,
encima, el lago en torno a mi pañuelo para que las palmeras se eleven
cada vez más.
¿Te has vestido de otra? ¿Te ha habitado otra mujer
para sollozar así, cada vez que tus ramas enlazan mi tronco?
Frótame los pies y frota mi sangre para que conozcamos lo que
las tempestades y los torrentes han dejado como legado
de ti y de mí...

Rita duerme en el jardín de su cuerpo.
Sobre sus uñas, las moras del bosque iluminan la sal en
mi cuerpo. Te quiero. Dos pájaros se han dormido bajo mi mano...
la ola del noble trigo se ha dormido sobre su pausada respiración,
una rosa roja se ha dormido en el vestíbulo,
la noche breve se ha dormido
y el mar se ha dormido frente a mi ventana, al ritmo de Rita,
asciende y desciende en los rayos de su pecho desnudo. Duerme
entre tú y yo, y no cubras la profunda penumbra del oro entre nosotros.
Duerme con una mano en torno al eco
y la otra esparciendo la soledad de los bosques, duerme
entre la camisa pistacho y la silla limón, duerme
cual caballo en las banderas de la noche de su boda...

El relincho cesa
y cesan las colmenas de abejas en nuestra sangre. ¿Estaba allí
Rita? ¿Estábamos juntos?
Rita partirá dentro de unas horas dejando su sombra
cual celda blanca. ¿Dónde nos encontraremos?
Pregunta a sus manos, y yo miro a la lejanía.
El mar está detrás de la puerta y el desierto está detrás del mar. Bésame en
los labios, dice. ¡Oh, Rita!, le respondo. ¿Partiré de nuevo,
teniendo uvas y un recuerdo, abandonado por las estaciones
entre el signo y la expresión, como una idea?
¿Qué dices?
Nada, Rita, imito al héroe de una canción
sobre la maldición del amor asediado por espejos...
¿De mí?
Y de dos sueños en una almohada que se cruzan y huyen. Uno
saca un cuchillo y el otro confía los mandamientos a la flauta.
No comprendo el significado, dice ella.
Ni yo, mi lenguaje está hecho de fragmentos
semejantes a la salida de una mujer del sentido, y los caballos se suicidan
al final del hipódromo.

Rita bebe el té matutino
y pela la primera manzana con sus diez lirios.
Me dice:
No leas ahora el periódico, los tambores son los tambores
y la guerra no es mi oficio. Yo soy yo. ¿Tú eres tú?
Yo soy
el que te ve cual gacela arrojándole sus perlas,
el que ve a su deseo corriendo tras de ti cual torrente,
el que nos ve perdidos en unicidad sobre la cama
y en divergencia, como el saludo de los desconocidos en el puerto. El exilio nos lleva
en su viento, cual hoja, y nos arroja en los hoteles de los extranjeros
como cartas leídas deprisa.
¿Me llevarás contigo?
Seré el anillo de tu corazón desnudo. ¿Me llevarás contigo?
Seré tu traje en países que te han procreado para derribarte,
seré un cofre de hierbabuena que portará tu muerte
y tú serás mío, vivo o muerto.
El guía se ha perdido, Rita,
y el amor, como la muerte, es una promesa sin devolución ni caducidad.

Rita me prepara el día
cual perdiz que se aduja en sus zapatos de tacón alto.
Buenos días, Rita,
y nubes azules para los jazmines de tus axilas.
Buenos días, Rita,
y frutas para la luz del alba. Rita, buenos días.
Rita, retórname a mi cuerpo para que las agujas
de los pinos reposen un momento en mi sangre abandonada. Siempre que
abrazo a la torre de marfil, huyen de mis manos dos palomas.
Ella dice: regresaré cuando los días y los sueños cambien, Rita. Es largo
este invierno y nosotros somos lo que somos. No tomes mis palabras para decir: yo soy
la que viéndote colgado en el recinto, te bajó y te vendó las heridas.
Con sus lágrimas te lavó, antes de esparcir sus azucenas sobre ti,
y pasaste entre las espadas de sus hermanos y la maldición de su madre. Yo soy ella.
¿Pero tú eres tú?

Rita se levanta
de mis rodillas, visita a sus adornos y se recoge el pelo con una mariposa
de plata. La cola de caballo acaricia las pecas esparcidas
como intensas gotas de luz sobre el mármol femenino. Rita cose
el botón de la camisa mostaza. ¿Eres mío?
Soy tuyo, si dejas la puerta abierta sobre mi pasado. Yo tengo
un pasado que veo ahora naciendo de tu ausencia,
del chirrido del tiempo en la cerradura de esta puerta. Tengo
un pasado que veo, posado como la mesa, junto a nosotros,
tengo la espuma del jabón,
la miel salada,
el rocío
y el jenjibre.
Para ti, si quieres, los ciervos, las llanuras,
y las canciones, si quieres, para ti las canciones y las sorpresas.
Yo he nacido para amarte,
caballo que hace bailar a un bosque y en el coral surca tu ausencia.
He nacido dama para su caballero. Tómame para que te escancie
un vino definitivo, para curarme de ti en ti. Dame tu corazón:
he nacido para amarte.
He dejado a mi madre en los antiguos salmos maldiciendo al mundo y a tu pueblo
y he encontrado a los guardianes de la ciudad entregando tu amor al apetito del fuego.
He nacido para amarte.

Rita casca las nueces de mis días y los campos se ensanchan.
Esta tierra pequeña se reduce para mí a una habitación en una calle
en el piso bajo de un edificio en la montaña
que se asoma a la brisa del mar. Tengo una luna color vino, una piedra pulida,
una parte del espectáculo de las olas viajando por las nubes, una parte
del libro del Génesis, del libro de Job y de
la fiesta de la cosecha, una parte de lo que he poseído y del pan de mi madre.
Tengo una parte de la azucena de los valles en los versos de los enamorados antiguos.
Tengo mi parte de la sabiduría de los enamorados: la víctima ama el rostro de su asesino,
si cruzas el río, Rita.
¿Y dónde está el río? Dice ella.
En ti y en mí hay un único río, le respondo,
y de mí fluye sangre y memoria.
Los guardianes no me han dejado una puerta para entrar. Me apoyo en el horizonte
y miro hacia abajo,
hacia arriba
alrededor
y no encuentro
horizonte para mirar. No encuentro en la claridad sino mi mirada
dirigiéndose hacia mí y le digo: regresa de nuevo a mí, y yo quizás vea
un horizonte que un mensajero restaura

con una carta de dos breves palabras: tú y yo,
una pequeña alegría en una cama estrecha, una alegría mínima.
Todavía no nos han matado, Rita, ¡qué pesado es este invierno, Rita,
y qué frío!

Rita canta sola
a las cartas de su lejano exilio nórdico: he dejado a mi madre sola
junto al lago, sola, llorando mi infancia lejana tras ella,
y todas las noches duerme sobre mi pequeña trenza.
Madre, he roto mi infancia y me he convertido en una mujer que cría a su pecho
en los labios del amado. Rita gira sobre Rita sola:
no hay tierra para dos cuerpos en un cuerpo y no hay exilio para el exilio
en estas habitaciones pequeñas. La salida es la entrada.
En vano cantamos entre dos precipicios. Partamos para que aparezca el camino.
No puedo, ni yo -dice ella sin decirlo,
y calma a los caballos en su sangre: ¿vendrá la golondrina
de una tierra lejana, oh extraño y amado, a tu jardín solitario?
Llévame a una tierra lejana.
Llévame a la tierra lejana, solloza Rita, ¡qué largo
es este invierno!
Y rompe la porcelana del día en la reja de la ventana,
posa su pequeño revólver en el borrador del poema,
arroja las medias en la silla y se rompe el zureo.
Ella parte, descalza, hacia lo desconocido y la hora de mi partida llega.



SALMOS

1

Amarte o no amarte.
Me alejo, dejando tras de mí direcciones susceptibles de
perderse, y espero a los que regresan; ellos conocen
las horas de visita de mi muerte, y vienen.

Tú eres esa a la que no amo cuando te amo. Las murallas de
Babilonia se estrechan por el día, tus ojos se agrandan
y tu rostro resplandece al sol.

Es como si no hubieras nacido, no nos hubiéramos
separado y no me hubieras derribado.

En la cubierta de la tempestad cada palabra es bella
y cada encuentro es despedida.

No hay nada entre nosotros salvo este encuentro,
nada salvo esta despedida.

Amarte o no amarte.

Mi frente huye de mí, y siento que no eres nada
o lo eres todo, y que puedo perderte.


Quererte o no quererte.

El murmullo de los arroyos me quema la sangre.

El día que te vea partiré.

He intentado recuperar la amistad de las cosas
perdidas: lo he logrado.

Me he ufanado de ojos capaces de contener todos los otoños.

He intentado, y lo intento, dibujar en torno a tu cintura
un nombre adecuado para un olivo pero
ha nacido un astro.


Te quiero cuando digo que no te quiero.

Mi rostro se cae, un río lejano disuelve mi
cuerpo, y en el zoco venden mi sangre como
sopa de sobre.

Te quiero cuando digo que te quiero,
mujer que ha posado las playas del Mediterráneo en
su regazo, los jardines de Asia en sus
hombros y todas las cadenas en su corazón.


Quererte o no quererte.

El murmullo de los arroyos, el susurro de los
pinos, el rugido de los mares y las plumas del ruiseñor
me queman la sangre.

El día que te vea, partiré.


Cantarte o no cantarte.

Me callo, grito. No hay un momento para gritar o
para callar. Tú eres mi único grito. Tú eres
mi único silencio.


Mi piel penetra en mi garganta. Bajo mi
ventana el viento pasa uniformado y
la oscuridad llega de improviso. Cuando los soldados
abandonen mis manos
escribiré algo,
cuando los soldados dejen mis pies
caminaré un poco
y cuando los soldados se aparten de mi vista
te veré y me veré de nuevo.

Cantarte o no cantarte.

Tú eres la única canción. Me cantas si estoy
en silencio. Tú eres el único silencio.

2

Ahora
me siento seco
cual árbol en un libro
y el viento es algo pasajero.

¿Luchar o no luchar?

Esa no es la pregunta.

Lo importante es que mi garganta sea fuerte.

¿Trabajar o no trabajar?

Esa no es la pregunta.

Lo importante es descansar ocho días a la semana
según el horario palestino.

¡Oh patria que se repite en canciones y masacres!

Guíame a la fuente de la muerte.

¿Es el puñal o la mentira?


Para recordar que tengo un techo perdido
debo sentarme al aire libre.

Para no olvidar el aire puro de mi país
tengo que respirar tuberculosis,
para recordar la gacela nadando en blancura
tengo que ser prisionero de los recuerdos,
para no olvidar que mis montañas son altas
tengo que soltar la tempestad de mi frente
y para salvaguardar la propiedad de mi lejano cielo
es necesario que no posea ni mi piel.


¡Oh patria que se repite en masacres y canciones!

¿Por qué te paso de contrabando de aeropuerto
en aeropuerto, como el opio,
como tinta invisible
o un transmisor?

Quiero dibujar tu forma,
esparcida entre expedientes y sorpresas.

Quiero dibujar tu forma,
volando en metralla y alas de pájaros.

Quiero dibujar tu forma
pero el cielo me rapta la mano.

Quiero dibujar tu forma,
asediada entre el viento y el puñal.

Quiero dibujar tu forma
para encontrar mi forma en ti:
me acusan de ser abstracto y falsificar
documentos y fotografías,
asediada entre el puñal y el viento.


¡Oh patria que se repite en canciones y masacres!

Te conviertes en un sueño y robas el asombro
dejándome petrificado.

Tal vez seas más bella como sueño,
tal vez seas más bella.


No queda en la historia de los árabes
ningún nombre para prestarte,
para escalar con él a tu ventana secreta.

Todos los nombres clandestinos están confiscados
en las oficinas de reclutamiento con aire acondicionado.

¿Aceptas mi nombre,

mi único nombre clandestino:

Mahmud Darwish?

El nombre original
me lo arrancaron de la carne
los látigos de la policía y los pinos del Carmelo.


¡Oh patria que se repite en masacres y canciones!

Guíame a la fuente de la muerte.

¿Es el puñal

o la mentira?

3

Cuando mis palabras eran tierra
fui amigo de las espigas.

Cuando mis palabras eran ira
fui amigo de las cadenas.

Cuando mis palabras eran piedra
fui amigo de los arroyos.

Cuando mis palabras eran revolución
fui amigo de los terremotos.

Cuando mis palabras eran coloquíntida
fui amigo del optimista
y cuando mis palabras se tornaron miel
las moscas cubrieron mis labios.

4

Dejé mi rostro en el pañuelo de mi madre
y me marché
llevando las montañas en el recuerdo.

La ciudad destruyó sus puertas
y proliferaron sobre la cubierta de los barcos
como prolifera el verdor en los jardines lejanos.

Me apoyo en el viento
¡irrompible estatura!

¿Por qué vacilar, si tú eres mi muro?

La distancia me golpea
como la fría muerte golpea el rostro de los enamorados.
y al acercarme a los salmos
mi fragilidad se acrecienta.

¡Oh pasillos llenos de vacío!

¿Cuándo llegaré?

Bienaventurado el que se envuelve en su piel.

Bienaventurado el que recuerda su nombre original sin error.

Bienaventurado el que se come una manzana sin convertirse en árbol.

Bienaventurado el que bebe de las aguas de los ríos
lejanos sin convertirse en nube.

Bienaventurada la roca que ama su esclavitud
y no elige la libertad del viento.

8

Una interminable agonía
me transporta a una calle en los barrios
de mi infancia,
me introduce en casas,
corazones
y espigas.

Me concede una identidad
que torna en controversia
esta larga agonía.


Me consideraron muerto
y redimieron el crimen con canciones.

Pasaron sin pronunciar mi nombre,
enterraron mi cadáver en expedientes y
golpes de Estado y se alejaron.

(El país con el que soñaba seguirá siendo
el país con el que soñaba).


Fue una vida breve
y una muerte larga.

Me levanté un momento
y escribí el nombre de mi tierra en mi cadáver
y en un rifle.

Dije: uno es mi camino
y el otro mi guía
a las ciudades costeras.

Y al moverme
me mataron.


Enterraron mi cadáver en expedientes y
golpes de Estado y se alejaron.

(El país con el que soñaba seguirá siendo
el país con el que soñaba).


En mi interminable agonía
soy el señor de la tristeza
y las lágrimas de cada chica árabe enamorada.

Cantores y predicadores en torno a mí
proliferan, y de mi cadáver brotan
poesía y líderes.

Todos los alcahuetes de la lengua popular
aplauden
aplauden
y aplauden.

Viva esta interminable agonía.


Una interminable agonía
me transporta a una calle en los barrios
de mi infancia,
me introduce en casas, corazones y espigas.

Me torna en controversia
y me concede una identidad
y un legado de cadenas.

9

Me preparo para estallar
al borde de un sueño
como los pozos secos se preparan
para la inundación.


Me preparo para partir
al borde de un sueño
como se prepara la piedra
en las profundidades de las minas abandonadas.


Me preparo para morir
al borde de un sueño
como el mártir se prepara para morir
de nuevo.


Me preparo para gritar
al borde de la verdad
como el volcán se prepara
para la erupción.

12

Dibujemos Jerusalén:
un dios se desnuda sobre una línea verde oscura,
formas semejantes a pájaros emigran, una cruz
se detiene en la calle de atrás.

Algo semejante a albaricoques y asombro surge
detrás de los puentes
y un espacio amplio se extiende desde los genitales
de un soldado a la historia del poeta.


Escribamos Jerusalén:

La capital de falsas esperanzas, combatientes que
huyen y estrellas ausentes.

Extrañas palabras se mezclan en las callejuelas
y los besos antiguos abandonan los labios de los
cantantes y los vendedores ambulantes.

Un muro nuevo se levanta para un nuevo deseo,
Troya reúne a los cautivos y la elocuente roca
no pronuncia ni una palabra en contra.

Bienaventurado quien aborta el fuego en un rayo.


Cantemos a Jerusalén:

Niños de Babilonia,
descendientes de cadenas,
volveréis a Jerusalén dentro de poco,
dentro de poco creceréis
y cosecharéis el trigo del recuerdo del pasado.

Dentro de poco las lágrimas se tornarán espigas.

Niños de Babilonia,
volveréis a Jerusalén
dentro
de
poco.
Aleluya.




PRELUDIO SOBRE EL AGUA

Tras el lejano otoño
hay treinta años,
la imagen de Rita
y una espiga que ha pasado la vida
en el correo.
Tras el lejano otoño.

Un día te quise... y me marché.
Los pájaros vuelan con mi nombre
y los matan.
Un día te quise
y lloro
porque eres más bella que el rostro
de mi madre,
más bella que las palabras
que me han dejado errante.
En el agua está tu cara,
la sombra de la tarde
lucha contra mi sombra
y me impide ver
las ventanas de mi familia.
¿Cuándo se marchitarán las rosas
en el recuerdo?
¿Cuándo se alegrarán los extraños?
Para describir el momento que flota
en el agua
hay un mito o un cielo.

Bajo el cielo lejano
te he olvidado.
Allí crecen las azucenas,
sin razón,
y los fusiles,
allí, sin enfado,
y el poema
allí, sin poeta,
y el cielo lejano
frente a las azoteas de las casas,
la gorra del guardia
y el olvido de mi frente.

Bajo el cielo extraño
nos tortura la tierra,
tu cuerpo pide fuego a las naranjas
y huye de mí.
Te quiero.
El horizonte se transforma en pregunta.
Te quiero.
El mar es azul.
Te quiero.
La hierba es verde.
Te quiero-azucena.
Te quiero-puñal.
Un día te quise
y conozco la fecha de mi muerte.
Un día te quise
sin suicidio
detrás del otoño lejano.
Peino tu pelo,
dibujo tu cintura
en el viento, estrella y fiesta.
Un día te quise.
Te quiero junto al otoño lejano.
Los pájaros pasan con mi nombre
libres,
con mi nombre pasa el día
cual jardín
y con tu nombre vivo.
Un día te quise
y vivo
tras el lejano otoño.

martes, 2 de junio de 2009

Libertad bajo palabra


La libertad es como la vida,
sólo la merece quien sabe conquistarla todos los días.
Goethe


Entre la libertad y el presidio, sólo la palabra perduró. Ésta es la frase que mejor resume el concepto, “La vida nos rompe, la poesía nos restaura”, que se concibió para el recital poético organizado en el Centro Penitenciario de mujeres “La Esperanza”, por Madeline Mendieta y Alejandra Sequeira -escritoras nicaragüenses-, en coordinación con la Biblioteca “Roberto Incer Barquero” del Banco Central de Nicaragua, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y el Instituto de Investigación y Acción Social “Martin Luther King”- UPOLI.

“La vida nos rompe, la poesía nos restaura”, reunió a finales del mes de mayo, a poetas de diferentes orígenes, estilos, temáticas y situaciones vivénciales. Mujeres en libertad y otras privadas de la misma, compartieron sus experiencias literarias y su vida en un ambiente diverso, momentáneamente en igualdad de condiciones, demostrando que existe una clara vinculación -hasta ahora obviada, al menos en nuestro país- entre las artes y los derechos humanos.

Este encuentro recordó que la poesía no se debe únicamente a festivales, congresos y fiestas literarias, que si bien tienen su valor, omiten el deber, la responsabilidad y porqué no, la deuda que tiene la poesía –y las artes en general- con el derecho humano al disfrute y participación sin restricciones a las mismas. Sobre todo para aquellas mujeres que viven en condiciones de presidio, enfermedad, maltrato, discriminación o violencia.

Las poetas invitadas al evento fueron: Irma Berenice González (México), Ana Gabriela Padilla (El Salvador), las nicaragüenses: Andira Watson (Costa Caribe), Madeline Mendieta y Alejandra Sequeira, apoyadas por la actriz y directora Magelda Campos y el cantautor Hardiel Vílchez.

Por parte del centro penitenciario “La Esperanza”, participaron: Tania Gabriela Martínez, Morena Isabel Avilés Serrano y Melba Sequeira, quienes indicaron han recibido reconocimientos literarios en las jornadas darianas que se realizan en nuestro país, y en esta oportunidad, compartieron textos de su autoría.

La idea de llevar acabo recitales poéticos en los sistemas penitenciarios de diferentes países (en este caso Nicaragua), así como promover la lectura y escritura de poesía en centros penitenciarios -con un enfoque de género e igualdad-, se concretó en el año 2008, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México. En esa ocasión se presentó la antología poética hispanoamericana “Mujer Rota”, en conmemoración al centenario de Simone de Beauvoir, destacada filósofa francesa, considerada una de las precursoras del feminismo. También se dedicó esta obra a mujeres que de una u otra manera han sufrido discriminación, violencia o maltrato, y que se encuentran en cárceles, centros hospitalarios, centros para enfermos mentales o centros de atención a mujeres, como relató Madeline Mendieta, una de las organizadoras de la actividad en “La Esperanza”, y partícipe de la experiencia en Guadalajara.

Las poetas participantes aseguraron estar convencidas que "hacer es la mejor manera de decir", y tras meses de reuniones, planificaciones, consensos y ensayos para efectuar el pasado recital en “La Esperanza”, aún sostienen su decisión de continuar con este tipo de recitales y hacerlos extensivos a otras instancias a nivel nacional, hasta convertirlo en una actividad permanente y sostenible, considerada por ellas “ahora más que nunca, necesaria y urgente”. Sin embargo, señalaron también, que “ésto en gran medida dependerá del financiamiento de algún organismo que acepte la propuesta”. En esta oportunidad, también aprovecharon para mencionar los propósitos del proyecto indicado:

1. Destacar a través de recitales poéticos el impacto y la trascendencia de la poesía como elemento de alivio psicológico, emocional y espiritual, en mujeres que han sufrido enfermedades, exilio, prisión y algún tipo de maltrato o violencia.

2. Dar a conocer la poesía de autoras publicadas en la antología hispanoamericana “Mujer Rota”, en las voces de poetas nicaragüenses.

3. Promover y dar a conocer la poesía de autoras nicaragüenses durante la presentación de la antología hispanoamericana “Mujer Rota”.

Las poetas participantes y organizadoras de “La vida nos rompe, la poesía nos restaura”, concluyeron con esta esperanzadora aseveración: “Con esta primera experiencia, se conquistó una pequeña libertad”, y finalizaron señalando que “en Nicaragua las situaciones positivas y constructivas son aún posibles, si la voluntad de cada persona así lo desea”.